Lo que Iñaki dijo.

Noiah nace en Madrid en el año 2001. Diez años, tres discos y más de cien conciertos después, aparece un cubo sin resolver. Noiah piensa en si algún día verá el cubo resuelto. Sabe que una mano puede sujetarlo, dos pueden moverlo, pero hacen falta muchas más manos para resolverlo.

Y entonces, sucede. El cubo empieza a girar. Lo hace girar quien nos graba, quien pregunta por el cubo, quien escribe Noiah en cualquier sitio… y el cubo gira más rápido, más seguro… gira por quien nos anima, por quien inventa lo que nos da forma, por quien aplaude… y el cubo ya no puede parar.

Y entonces, sucede. Aparecen todas esas personas, hacen click en una página para que sea mucho más que un click, y dicen: YO VOY A SER LO QUE NOIAH SEA.

Ya no es el mismo Noiah. Ahora son muchos los que forman parte de esa palabra, los culpables de que sea tanto lo que se puede ver, oír, leer, al preguntar por Noiah, y han conseguido cosas increíbles, como ver el cubo resuelto, hacer que se llene la sala El Sol, y hasta que un batería salga con un micro al escenario.

Y esto es porque, por muy difícil que fuese verlo, desde un principio sabíamos que el cubo decía “Serás Capaz”.

Sucede por algo que todos compartimos. Todos tenemos uno. Hace sístole, hace diástole y marca el pulso con el que Noiah, desde hace diez años, dice gracias.


Entre bastidores.

Pues sí que estaba despejado esto… Bueno, sé que igualmente no os habréis perdido ni un solo de los pasitos de gigante que ya llevamos. Pues, para los que estén totalmente al día, en este post os contaremos alguno de los pormenores de cómo un grupo con nuestras limitaciones puede hacerse con un videoclip cómo el que estrena nuestro tema Una Verdad.

Lo primero de todo necesitas a alguien como Lara Ruiz tras el objetivo. Bueno, más aún, lo primero de todo necesitas a todo un arsenal de increíbles mecenas que apoyen el proyecto en el que va a ir inserto el videoclip. Lo prometido es deuda, por ahora un videoclip financiado con las aportaciones de quienes han decidido ser parte del movimiento que mantiene a los noiah en la dirección tanto difícil como correcta. Gracias a ello contamos, como os decía, con Lara Ruiz, el ojo detrás de Through the Frames Films, y la que ha puesto orden cada vez que preparábamos una toma durante el rodaje. Pues, como os podéis imaginar, el equipo de producción que nos podíamos permitir tampoco era muy amplio. Tanto, que una buena parte de él lo componíamos los propios noiah.

Como primer ejercicio, podéis intentar adivinar a quién pertenecen algunos de los elementos del atrezzo. Aparte del vestuario militar, que se lo tenemos que agradecer a Edu Vázquez, sin el cual la idea de soldado hubiera quedado prácticamente imposible de transmitir, podéis encontrar por las secuencias elementos desde “yo creo que puedo conseguir un interruptor” a “pues yo tengo una radio antigua“. Ah, y cómo pegar un interruptor a esa pared, o cómo sostener un espejo que no tiene soporte en una pared en la que no puedes colocar una alcayata.

En fin, la magia del cine a mí no dejará de boquiabrirme. Y eso son solo las dosis de idea práctica que competen al atrezzo. Vamos con un poco de efectos especiales. Desde luego, especiales son un rato, pues no es normal la que liamos para conseguir una explosión al paso del protagonista, o para quitar la sangre de sus manos. O, ¿desde dónde creéis que apuntaba quien manejó el láser en la penúltima secuencia? En fin, George Lucas estaría orgulloso de haber hecho al equipo imaginar cómo hacer que esos pocos efectos fuesen especiales. Os dejo una muestra de cómo se prueban efectos que, por si fuera poco el que tuvieran que funcionar, debían ser lo más silenciosos que pudiesen:


Y, para asegurarme el tener de qué hablaros próximamente, voy a parar de contar, pues lo que pone encima de este párrafo corresponde solo a la parte de grabación con actor. ¿Qué actor? Pues un espectacular Txema Escobar que aguantó una amplia jornada de rodaje con varias localizaciones, diezyunmil tomas y ni un signo de cuándo estaba cansado de correr, agacharse, volverse a levantar, cambiarse de ropa, ahora te apuntamos, ahora te disparamos, ahora te caes al suelo, ahora repetimos la toma… En fin, no hay nada como rodearse de quien sabe cómo hacer las cosas y sabe cómo vivirlas para hacer y dar vida a un videoclip que sea el fruto de una idea regada con esfuerzo.


El medio es la mitad.

Encender la tele siempre ha sido un acto de invitación al descanso y a la toma de control de la actividad involuntaria del cuerpo. La conocida como caja tonta tiene la ventaja de no ser exigente, no pedir más que pagues la mensualidad de la luz que la mantiene alimentada. No es exigente, pero tampoco permite exigirle nada, con lo cual no queda otra que asomarse a lo que nos ofrezca. Y, en particular, si no es nuestra televisión, la retransmisión será la que parezca más adecuada a quien nos ofrece algo más que una caja sin exigencias. Particularmente, si la televisión es del dueño de un bar, las opciones mayoritarias se reducen a dos: fútbol o videoclips musicales.

Al igual que en una televisión, en un blog ajeno uno entra a leer lo que le apetece retransmitir a su autor. También sin exigencias, pues, como en la tele, a menos que uno conozca a quien dirige el cotarro, no podrá saber cómo exigir su contenido. Ustedes tienen esa ventaja. Pero, por ahora, tendrán que espectar ante lo que se me ocurra decidir que puede rellenar líneas.

Así que, volviendo al caso de la temática televisiva, me preguntaba… ¿cómo podrían aparecer los Noiah entre esas cuatro esquinas? Desde luego, participando en una de las dos actividades más retransmitidas. El fútbol quizás se nos queda algo lejos. Rondamos la edad en la que a los deportistas les salen canas en las fibras musculares. Por lo que he podido entender del fútbol, hay un equipo al que van todas estas estrellas cercanas a su supernova, así que les enviaremos un “3, 2, 1…” y un dossier, que este año están mu bien.

El otro cartucho es hacer un videoclip. Bien, analicemos los videoclips que encajan en la programación de nuestra pantalla. Tras un rudo análisis, y, en más de una ocasión, una necesidad de silenciar el aparato, llegamos a la conclusión de otras dos subopciones: o bien hacemos una versión de un tema conocido de los 70-80, o bien hacemos un dueto. La versión la tenemos, aunque con como están los derechos de autor casi prefiero ni decir cuál es. Me inclino por el dueto. ¿Con quién hacer un dueto? Tiene que ser alguien del panorama actual o pseudoactual (esa gente que aguanta en su silla aunque hayan cambiado todo el mobiliario), tiene que pegar con la música que hacemos, y tiene que pegar visualmente con nuestra imaginería, pues si no el videoclip nos queda lejos. Con estas premisas, me he permitido elegir unos cuantos aspirantes, ¿con cuál os quedaríais vosotros?


Lo suficiente.

Los noiah están a puntito de tener todo grabado. Es como salir de un examen, estar contento por haber terminado, pero con el parásito que es la capacidad de reflexión, con el estómago tembloroso, esperando la última nota. Y nunca mejor dicho.

Mientras tanto, uno vuelve a trabajar, ensaya, recuerda hacia qué lado movía la pierna cuando no calculaba lo que tocaba, a la espera de que, un buen día, una llamada avise de que las notas provisionales ya están en el tablón. Y, como la asignatura de la que nos examinábamos la impartíamos nosotros, habrá que ir a revisar el examen. 

Resulta que es un examen conjunto, donde cada uno escribimos la parte de la respuesta que es de nuestra especialidad. El que recoge el examen las pone en orden y hace que los párrafos tengan sentido. Pero, claro, como cada uno responderíamos de una manera, no paramos de decirle: “esto va antes”, “esto con mas sangría”, “esta parte la pones en negrita”. Y, además, lidiando con nuestras propias diferencias sobre qué es lo correcto: “no, yo creo que sí”, o insistiendo si estamos de acuerdo: “sí, yo creo que no”.

 Con nuestro examen relleno entre los seis, lo levamos al examinador. Es un montón de gente que recibe examenes por todos lados, así que hay que darle uno bien decente y que se lo lea de arriba abajo. Pues nuestro miedo no es a que use el boli rojo, sino a que lo amontone con otros cuantos y pase a ver el siguiente examen. Claro, que siempre nos quedará el de prácticas.

Dedicado a esos estudiantes que se atreven a tener un grupo de música.


Mosz. Día XVI.


Pablo. Día XV.


Pablo. Día XIV.