Archivo mensual: marzo 2011

Capítulo 3. Ver abajo.

Este capítulo se titula “Señoras que repiten una toma veinte veces vs. señoras que la hubieran repetido una vez más”. Pero la fuente de texto de wordpress hubiera hecho que ocupara dos pantallas en disposición vertical. Vamos con ello, pues:

Estamos a las 10:30 en el maldito lugar, alejado de todo punto en el que dios dejó un mísero ápice de cariño. Y encima es viernes. Hace fresco, el suficiente como para quedarse en la acera que da el sol, como un reptil más. Y encima es viernes.

Os contaré en qué consiste hacer una línea de bajo. En principio, buscas una melodía que quede bonita y chula. Pero si metes tónicas (la primer nota (y sólo la primera) de la escala), mejor. Entonces, le aplicas un ritmo para que le dé salero para el movimiento de caderas y cabezas. Pero si vas con el bombo, mejor. Claro, que siempre puedes juguetear con el sonido y la ecualización para que la gente note un sonidito y pueda preguntar: “¿qué es eso que suena POR DETRÁS?”. Pero si le subes los graves, mejor. Ahora me explico yo ciertas preferencias:


      
Bueno, bueno, no seamos pesimistas. Al menos no hay que andar cambiando de guitarra o de ampli cada ocho compases. Y, así, con este alegato en contra de que se acerque nadie a una tabla con cuerdas, damos por finalizada la grabación de bajos. Aaaaaah, muuucho mejor… Y encima, es viernes!!
   

3.1. Menú del día 3 (Bar Restaurante El Puchero; 18-02-2011):

– Primer plato: Joeer, que ya no me acuerdooo…

– Segundo plato: Filete con salsa de queso.

– Postre. Y un orujito. Chus pide pacharán.

   
3.2. Elige instrumento, cuerdas, pastilla, púa, ampli, canal…:
   
Entonces, y con mucho menos ajetreo, entran a escena las guitarras (y con ellas, el sujeto más valorado por el aficionado a molar con música rock de fondo según Vanity Fair: el guitarrista). El hecho de que, en el caso de Noiah, se trate de una bicefalia, que, a nivel de ejecución, se convierte en una tetrabrazalia, le da un toque interesante al asunto. Para que entendáis a lo que me refiero, os reproduciré, de manera casi exacta, un momento de estas maravillosas tomas de decisión:

– “Yo grabo en esta parte”.

– “No, quedamos en que esta parte la grababa yo”.

– “Bueno, pero con mi guitarra”.

– “No, no, dijimos que ésta con la de mi colega”.

– “Tu colega tiene un palo”.

– “Un palo que te vas a tragar como grabemos con tu guitarra”.

– “Ya me lo dirás cuando lo oigas, flipao”.

– “Pero si en esta parte no grabas tú”.

– “¿Como qué… anda, coño, es verdad. Pues entonces graba como te salga del peroné”.

– “Creo que grabaré con la de tu colega, si no te importa”.

– “Claro, como no”.

Por supuesto, la ratio y nivel de las palabras fuertes es mucho mayor, pero este sitio lo leen menores dispuestos a rockanrolear de mayores, y no podemos permitir que crean que la música es tocar, beber, poder decir palabrotas, recibir miradas lascivas y disfrutar para no acordarte luego de nada. No, ya somos demasiados a repartirnos eso, que se dediquen a hacer vandalidades. Por cierto, muchísimas gracias a Hache, Awin y Cami, sin los cuales esta entrada no hubiera tenido lugar, pues por el estudio han pasado sus guitarras y bajos. Os dejo una foto de familia, y una pregunta: adivinad qué guitarras se usaron y cuáles no…

 

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Y, ¿de qué va vuestro EP?

Grabar está chulo. Tocar mola. Tener un EP tiene pinta de molar. Y entonces llega el día en el que tienes tu EP. Claro, lo único que tienes es un cd con la marca a la vista, que tiene tus tres temas, eso sí, que suenan como un cañón, disparado desde otro cañón más grande. Pero no parecen las maneras visuales de hacerle justicia. Así que, a fin de cuentas, tienes tu cd. Pero, bueno, habrá que ponerle una portada, una carátula, escribirle algo para que se sepa quién lo ha hecho, no sé, ponerle un nombre…

Claro, porque nos hemos dedicado a componer como creadores de moléculas y ahora no vale sacar una portada para cada canción… ¿o sí? El caso es que si hubiéramos pensado una idea, y hubiésemos compuesto en torno a ello, todo tendría mucho más sentido. Bueno, qué demonios, lo que tendría es más facilidad, que ahora nos toca buscarle una idea común a los temas, y con eso llamarle de alguna forma a nuestro EP. ¿Se os ocurre alguna? La única idea común clara que se me viene a la cabeza es Noiah. Y me gusta…

Pues sí, algo habrá estado entrando y saliendo de nuestras neuronitas cuando componíamos estos temazos. Suponiendo que se hayan compuesto uno detrás del otro ordenadamente. Y no parece la forma más común de componer, me parece que suena más realista pensar que estás con varios proyectos (de temazo) abiertos, cocinándose a la vez, y que vas poniendo la guinda según se termina cada uno, pero en el proceso de hacer uno, y antes de terminarlo, no es raro que hayas empezado y terminado otro, u otros. “¿Cómo? ¿Pero, hasta qué punto nos estáis engañando? Ahora me dirás que el orden de las canciones no es el orden en el que están compuestas”.

…ejem.

Así que un tema puede haberse compuesto en invierno, y otro en primavera, y así no hay quien le busque un nexo a las razones comunes de las canciones. Además, según lo vas repitiendo y tocando, lo vas interiorizando, y le cambias las razones por las que se creó por las razones por las que tocas el tema. Tienes tu compendio de canciones, en definitiva, y, ahora, ¿cómo le vas a llamar?

Hay que ponerle un nombre, eso lo sabe cualquiera. ¿Por qué? Qué sé yo, será la normativa, si no le pones título y te para la benemérita, puede que tengas un problema. Así, el nombre tiene que describir lo que vas a encontrar dentro. ¿Seguro? No crean. Por suerte, el nombre puede querer decir lo que le dé la gana, desde el tema que engloba a las canciones, a la fecha en que se hizo el cd. O ni siquiera, el título puede ser el nombre de una canción, o puede ser un título, un nombre que en sí sea un hecho aparte, como si estuviese compuesto también, en lugar de depender de las partes a las que engloba. Lo importante es que el nombre diga lo que el grupo quiere decir con ese cd.

Repasemos, por dar alguna pista, algún nombre con sentido. Hay álbumes temáticos, que giran en torno a una idea, y todas las canciones hablan de y describen esa idea. Claro, “The Wall” de Pink Floyd. Parecía fácil, pero los hay aún más. ¿No lo tienen? Los compendios de canciones con una razón común más directos son las bandas sonoras de las películas. Ahí ni siquiera tienes que explicarte, basta con que el oyente vea la peli. Todo un chollo. Cuando John Williams se marca esas piezacas todas tienen a la tela negra con puntitos que brillan, Luke, Vader, el Halcón Milenario y los bichejos de la Guerra de las Galaxias. Y John Williams también. Tirando más para el ámbito de la música moderna, nuestro querido Mark Knopfler hizo unas cuantas, a mí me suena más “Local Hero”. Incluso la banda sonora de “Saturday Night Fever” aparece como si los autores fueran los Bee Gee´s, habiendo muchos otros grupos y compositores en ella. Claro, que ni la música de los Bee Gee´s ni la de estos otros hablaba precisamente de “quédate en el sofá, ahí fuera es viernes”.

Entonces no le podemos poner un título común a todos los temas porque igual no existe, o si existe es porque lo hacemos existir. Otras opciones, pues… por ejemplo, ese que se llama “Canciones para el tiempo y la distancia” de Iván Ferreiro. El tipo tiene un compendio de canciones, y dice que lo que encuentras dentro son canciones para el tiempo y la distancia. ¡Mierda, por qué no se nos habrá ocurrido! Me parece un título chulísimo. Pero seguimos en las mismas, tenemos tres temas y no les podemos dar un nombre que los ordene. Claro, yo escribo una novela, y toda la novela tiene una idea común, va de algo en común. Es como si un libro en vez de tener una historia, tuviera muchas, y no necesariamente conectadas, y hubiera que ponerle un nombre al libro. Ups, creo que esto no es nuevo. Y, entonces, ¿los libros también se nombran como los discos? A ver, repasemos, “El Aleph” de Borges es una serie de cuentos, uno de los cuales se llama “El Aleph”. “Brontosaurus y la nalga del ministro”, de S. J. Gould, es una serie de ensayos, uno de los cuales se llama “¡Bravo por Brontosaurus!” y otro “La nalga izquierda de George Canning”, quien fuera ministro en Gran Bretaña, fiándonos del bueno de Stephen. Así que esta gente le ha puesto el nombre de una (o dos) partes al libro. ¡Anda, como en los discos! Ahí sí que hay filón. Empecemos: “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band”, “Fear of the dark”, “London Calling”, “No te cabe ná”, “Pedrá”, “Bloodsugarsexmagik”…

Pero, ¿y los Noiah? ¿Cómo llaman a sus discos? Noiah (el primer cd siempre lleva por menos derroteros); Geiser, que significó aquello que estaba contenido y salía todo del tirón, y no de cualquier manera, sino explotando violentamente; Dormido, que se llamó como uno de los temas emblema del cd, “Dormido”, y que describía cómo estaba tu oreja-Noiah antes de salir este cd. Entonces, ¿cómo llamar a este EP? No pienso dar ninguna pista de por donde fijarnos, amable público, ustedes ya han oído alguno de los temas que sonarán, durante los últimos conciertos. Ahora recuerden, piensen, dedúzcannos en estos últimos años componiendo esas canciones, y láncense a la piscina: ¿Cómo le llamarían al EP?


Capítulo 3. Un día cualquiera (de grabación)

8:30. Suena el despertador.

9:15. Levántate de una vez, que no te da tiempo.

10:00. Maravilloso, llegar a la parada (corriendo) y justo pillar el autobús.

10:30. Entrando al metro en Ciudad Universitaria. Sí, así es, son todos mucho más jóvenes de lo que tú recordabas. Me da igual, yo me siento pleno en mi segunda adolescencia.

10:47. Deseas golpear con fuerza muchas cosas, entre ellas al inventor de la línea 6 del metro. No sé cómo se puede calar un tren, pero éste se cala.

10:55. Ya vamos oficialmente mal de tiempo. Y, además, lluvia. Bueno, en ese caso, ya estábamos mal de tiempo. Esta deducción no me ha sacado de mi cabreo ni lo más mínimo.

10:59. Llegando a Colonia Jardín (Garden Perfume). Había calculado estar aquí sobre esta hora. Ahora sólo queda llegar al cole, saludar, entregar los deberes, explicar lo que hay que hacer con ellos, despedirse, y volver al metro. OUCH!

11:03. De hecho, la palabra “ouch” debiera poder aplicarse como sentimiento o estado anímico. O, al menos, debiera poder ser un neurotransmisor. Al fin y al cabo, su fórmula está clara, estaría compuesto por oxígeno (O), uranio (U), y un hidrocarburo (hidrógeno (H) más carbono (C)). Todos ellos elementos habituales en el metabolismo de nuestro cuerpo. Bueno, menos el uranio. Claro, que Homer trabaja en una central nuclear…

11:15. Hemos quedado a las 11:45 en Cartagena, y yo estoy en Colonia Jardín. No llego ni aunque se salte estaciones. Sé sincero, has pensado que igual se salta alguna, de casualidad.

11:43. No preguntéis cómo, pero estoy en Cartagena, y he llegado el primero. A lo mejor el metro ha saltado en el tiempo. Sin duda, eso explicaría lo de esa estación en blanco y negro. Mira, ahí viene Iñaki.

11:45. Ya es la hora. Esperamos.

11:51. Esperamos.

11:57. Esperamos.

12:05. Madre mía cómo llueve. Esperamos.

12:10. ¡Aquí está! ¡Al estudio!

Para los que pensábais que lo de grabar era llegar, enchufar, y tocar… ¡ójala! Lo más normal es que te trastoque todos los planes, que tengas que estar en dos o más lugares al mismo tiempo, y que estés hasta las narices antes de siquiera empezar a subir el volumen. ¿Se puede saber por qué nos metimos a la música? Pues sí, amigos, aun con todo, merece la pena. Y, qué demonios, es divertido de cojones. Si no te pasa nada, nunca te habrá pasado nada.

Podría ser ese el lema de hoy, que no hemos podido empezar sin esperar, pues Ferni tenía que ajustar las tomas de Iñaki, que ayer se sentía transgresor y quería acabar con la opresión del “tic” del metrónomo. Al final, Iñaki puede con todo, y antes de comer. Eso sí, con alguna dificultad que se le resistía (véase el vídeo “Día 1. Baterías” en facebook).

 
2.1. Menú del día 2 (Bar Restaurante El Puchero; 16-02-2011):

– Primer plato: Sopa de cocido.

– Segundo plato: Cocido completo.

– Postre.

– Andrés: una ración de albóndigas en salsa.
 

2.2. El momento del bajista (y en qué momento).

Que alguien me dispare (bicarbonato). Ese cocido tenía más zetas de las adecuadas, ¡qué sueño! Bueno, así sonará más pesado, sonido Garbanzo. Le toca enchufarse a Chus, que ha tenido que viajar toda la mañana por Madrid hasta llegar al estudio. ¿Cómo? ¿Que ya lo sabían? Vaya, eso es que alguien se lo ha debido de contar. O, mejor aún, que ustedes lo han leído. Lo que seguramente no sabían es que Iñaki había estado toda la mañana en el curro, ¿pero es que nadie es músico aquí o qué? Mucho me temo que lo de músico no se rellena en la casilla de “profesión”. Todavía.

Chus ha empezado a grabar, y, aunque Iñaki ha tenido que volver al trabajo toda la tarde, empiezan a llegar otros compañeros a completar el elenco: Javi y Pablo acompañan a Andrés. De esta manera, el bajista recibe el triple de apoyo:

– “Eso suena como el culo”.

– “Eso parece música de videojuegos”.

– “Hoy deberíamos acabar todos los bajos…”

En fin, poca presión para poder trabajar en condiciones. Noooo, es broma, los que no se encargan de la base rítmica se portan muy bien. Y menos mal que han venido, siempre se trabaja mejor en compañía, en buena compañía. Y además, saben que no pueden jugársela, pues el bajista estará ahí, y despreocupado con su parte finiquitada, cuando a ellos aún les quede por grabar…


Capítulo 2. Dame bombo.

Por fin, todo estaba preparado para que los Noiah comenzasen con su esperada grabación. Nosotros estábamos preparados, Ferni estaba preparado, y el equipo de ambos estaba casi preparado. Por si cargar y descargar una batería hace poco ruido de movimientos, hay que montarla enterita. Y no en cualquier lado, sino en donde lo diga (el productor, que el batero sabe tan poco de esto como de ecualizar amplis, por norma general). Una vez en estas, hay que microfonar tambor a tambor, parche a parche, parte a parte, se microfona hasta el aire (bueno, técnicamente casi solo se microfona el aire).

Y he aquí una aproximación a la cantidad de micros que rodeaban a Iñaki (y faltan algunos…):

Tanto aparatejo resulta imposible de pasar inadvertido. Pues, aun así, Andrés y Chus tuvieron que cagarla y mover un micro de ambiente, que no es un micrófono que atrapa el olor a tabaco, sino un micrófono que está en la sala, separado de la batería. Y muy bien disimulado, hemos de añadir. Y encima hay varios de estos. Es más fácil robar en un museo que no chocar con tanto micro repartido. Todo sea por que suene como cuando oyes a Iñaki. Y hablando de oír, hay otro micro más, en la sala del productor, al lado de Ferni, con el cual se comunica éste con el batero. Todo el resto de micrófonos son como cuadros de W.C. si el que acabamos de citar no lo oye Iñaki. En fin, como muchas otras cosas, sobre todo indicaciones, Iñaki no lo oía. Hasta que lo oyó.
 

1.1. Menú del día 1 (Bar Restaurante El Puchero; 15-02-2011):

– Primer plato: Fideuá.

– Segundo plato: Conejo.

– Postre.

 
Y después de comer, a seguir grabando. Y no, los metrónomos no hacen la digestión, con lo cual el amodorramiento se lo queda todo el humano que tiene que seguir el “tic, tac, tac, tac”. Por cierto, nuestro querido productor es batería, así que “¿alguna presión más, Iñaki?”. No hay problema, lo que ustedes no saben, porque no ha formado parte de este blog, es que para empezar a grabar con metrónomo hacen falta unos cuantos meses de preparación, en los que Iñaki ha estado ensayando con el “tic, tac, tac, tac” en los oídos todos los temas, ensayo tras ensayo y día tras día. Ferni sí lo sabía, y por eso se le acuñó la frase “otra toma”, que nos ha ido diciendo a todos durante la grabación.

La batería es un instrumento completo, pero suficientemente ruidoso y uniforme como para que sea fácil perderse si tienes que grabar 20 compases seguidos y sólo te oyes a tí tocar. Por eso el Gran Hermano que todo lo oye y todo lo graba nos permite usar una referencia. Esto es, que la guitarra de Andrés sirva de referencia a Iñaki. No se asusten, no se va a teñir el pelo color tinto, a dejarse cuerdas y a tomar pastillas, simplemente Andrés acompaña a Iñaki mientras graba, para que éste sepa en qué parte está tocando. Parece una obviedad, pero cuando estás persiguiendo al “tic, tac, tac, tac” te concentras demasiado y no sabes si llevas dos o diez compases.
 

1.2. La eterna batalla hombre-máquina (o ¿por qué lo llaman música cuando quieren decir grabar?).

“¿Dinámicas uniformes y todo a la misma intensidad?” “No, puedes y debes grabar cada cosa con la caña o calma con que la tocas en el local.”
“¿Así va bien?” “Sí, pero ahora intenta ir cuadrado con el tempo.”

No es tan simple dibujar el campo claro en el que estás suficientemente suelto como para no salirte de lo correcto sin sacrificar la personalidad de lo que tocas. Estamos grabando, o mejor dicho, nos está grabando un aparato. Ese aparato tiene la maravillosa propiedad de poder dejar nuestra música estática, plasmada, tantas veces visible como un cuadro, que cierras y abres los ojos y sigue allí. Disponible, al fin y al cabo. Nosotros no podemos. Si te tapas los oídos cuando tocamos, te perderás algo que no podemos volver a hacer. Es nuestro aporte a la fotografía.

Así que hemos de ajustarnos a lo que esas máquinas nos dicen. La verdad es que algo tenía que tener de malo tocar el instrumento que más feliz te deja de todos. Y ese algo es grabarlo. No te puedes mover ni un pulso, y eso que llaman “matiz interpretativo” está lejos de su alcance. Menos mal que nosotros tenemos a Iñaki sentado cuando el productor dice “dame bombo”.