Archivo de la categoría: Crónicas desde el estudio

Capítulo 6. Algo canta.

 Cuando llevas cuatro días grabando, ya empieza a parecer que se te repite el mes. Si además estás escribiendo lo que pasa por las cabezas de los presentes, lo que se te repite es el argumento. Qué le vamos a hacer, grabar pierde mucho glamour cuando hablas de horas encerrado (o en cerrado) repitiendo tomas, jugándotela al “esto es lo definitivo”.

Por cierto, a las 17:21 exactas hemos dado con la frase que nos faltaba para terminar definitivamente “Tienes la llave”. ¿Hubiera salido otra si no escogiésemos esta y hubiéramos seguido? Posiblemente. ¿Hubiera sido mejor? ¿Y la siguiente a esa? Los músicos hacemos una cosa que se renueva y se vuelve a crear constantemente, darle un carácter definitivo es hacer otra cosa destinta a la que hacemos normalmente. Pero, sin embargo, con un montón de posibilidades que no tiene lo que hacemos normalmente. Darse cuenta de ellas y aprovecharlas le da sentido a todo este cuaderno.

Tenemos la suerte de ser quien somos, y de tenernos para poder decir “nosotros”, así es como esto se convierte en divertido, y por eso no nos lo queremos perder ninguno.
   

  
6.1. Sing estar (estar cantando).

La voz es un instrumento curioso. No se toca, no se puede imitar con onomatopeyas, y, lo más importante, no hay que afinarlo antes de usarse. Sin embargo, el cantante es el instrumento más imitado, que todo el mundo pone en práctica. Ah, por cierto, la voz grababa hoy.

En la grabación de voces está el aparato que más me ha llegado al alma de todos los que nos graban parte a parte. La malla que sirve para interponerse en el camino de la voz al micro, y que, entre otras cosas, evita que los lanzamientos que todos hacemos al cantar lleguen al micro, tiene un nombre. Ese nombre es magnífico: Anti-pop. Parece estar hecho para ser serigrafiado en una camiseta. Me siento más seguro con este aparato evitando que nos reblandezcamos.

Y, por fin, después de cuatro días en que en mínimo minutaje había sucedido, nos juntamos los 5 noiah (y Ferni, por supuesto) en el estudio. Vaaale, igual hacemos más ruido si estamos todos, y si es sábado por la tarde, no te quiero ni contar. Y menos si es domingo. ¿Tú qué opinas, Ferni?

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Capítulo 4. La guitarra rellena (lo que el grupo le ha dejado).

Observemos detenida y desglosadamente una parte en particular de un tema cualquiera:

El oyente clama: “Ahora viene el solo”, y, consecuentemente, coloca sus manos en posición guitarrista y mueve los dedos a lo largo y ancho de un mástil virtual, que de ser real, tendría un número de cuerdas y una anchura digna de examen de grado de luthier. Eso sí, sólo tendría dos o tres trastes en la zona de graves, y otros dos o tres en la zona de agudos. Qué casualidad, como la del guitar hero…

Analogías al valor comercial de la figura del músico aparte, centrémonos en el solo. El solo lleva una base de guitarra (algo así como la mozzarella en la pizza (pan y tomate serían bajo y batería, por supuesto)), más una guitarra más, para darle consistencia. Además, algún arreglo a la base, que le dé colorcillo (digamos, un poco de óregano). El solo en sí serían el resto de ingredientes, que le dan el nombre al resultado en sí. ¿Quieren saber cuáles son los propicios? ¿Acaso van a grabar un solo y quieren ajustarse al sabor de su estilo, o pretenden abrir una pizzería con guiños al mundo de la música? Entonces, los más adecuados componentes de sabor serían:
 

Solo de rock: carne picada, un poco de cebolla, pero tampoco demasiada, y maíz (si es rock sureño).
Solo de funk: pollo suave (smooooth), doble de queso, nena. Y aceitunas (negras, por supuesto).
Solo de funk-rock: pimientos rojos picantes.
Solo de metal: cebolla, mucha cebolla, y debe tener mayor grosor que el resto de pizzas. Se cuece en los hornos del averno.
Solo de punk: carne pa la picadora, resina, agua y ajo.

 
Aderécese (a usted) con una cerveza, y una botella de Jack Daniel´s, aunque solo sea por aparentar. Ahora, adivinen dónde comemos.
 

4.1. Menú del día 4 (Foster´s Hollywood; 19-02-2011):

– Primer plato: Bacon cheese fries, y unos panes de esos con cosas.

– Segundo plato: Hamburguesa.

– Sin postre, directamente al café y al orujo (Chus pide pacharán, y Andrés crema de orujo)

 
Ahora que conocen nuestros menús, se imaginarán sus consecuencias. Pues imagínenselas en un solo sofá con un aforo máximo de dos personas…
 


Capítulo 3. Ver abajo.

Este capítulo se titula “Señoras que repiten una toma veinte veces vs. señoras que la hubieran repetido una vez más”. Pero la fuente de texto de wordpress hubiera hecho que ocupara dos pantallas en disposición vertical. Vamos con ello, pues:

Estamos a las 10:30 en el maldito lugar, alejado de todo punto en el que dios dejó un mísero ápice de cariño. Y encima es viernes. Hace fresco, el suficiente como para quedarse en la acera que da el sol, como un reptil más. Y encima es viernes.

Os contaré en qué consiste hacer una línea de bajo. En principio, buscas una melodía que quede bonita y chula. Pero si metes tónicas (la primer nota (y sólo la primera) de la escala), mejor. Entonces, le aplicas un ritmo para que le dé salero para el movimiento de caderas y cabezas. Pero si vas con el bombo, mejor. Claro, que siempre puedes juguetear con el sonido y la ecualización para que la gente note un sonidito y pueda preguntar: “¿qué es eso que suena POR DETRÁS?”. Pero si le subes los graves, mejor. Ahora me explico yo ciertas preferencias:


      
Bueno, bueno, no seamos pesimistas. Al menos no hay que andar cambiando de guitarra o de ampli cada ocho compases. Y, así, con este alegato en contra de que se acerque nadie a una tabla con cuerdas, damos por finalizada la grabación de bajos. Aaaaaah, muuucho mejor… Y encima, es viernes!!
   

3.1. Menú del día 3 (Bar Restaurante El Puchero; 18-02-2011):

– Primer plato: Joeer, que ya no me acuerdooo…

– Segundo plato: Filete con salsa de queso.

– Postre. Y un orujito. Chus pide pacharán.

   
3.2. Elige instrumento, cuerdas, pastilla, púa, ampli, canal…:
   
Entonces, y con mucho menos ajetreo, entran a escena las guitarras (y con ellas, el sujeto más valorado por el aficionado a molar con música rock de fondo según Vanity Fair: el guitarrista). El hecho de que, en el caso de Noiah, se trate de una bicefalia, que, a nivel de ejecución, se convierte en una tetrabrazalia, le da un toque interesante al asunto. Para que entendáis a lo que me refiero, os reproduciré, de manera casi exacta, un momento de estas maravillosas tomas de decisión:

– “Yo grabo en esta parte”.

– “No, quedamos en que esta parte la grababa yo”.

– “Bueno, pero con mi guitarra”.

– “No, no, dijimos que ésta con la de mi colega”.

– “Tu colega tiene un palo”.

– “Un palo que te vas a tragar como grabemos con tu guitarra”.

– “Ya me lo dirás cuando lo oigas, flipao”.

– “Pero si en esta parte no grabas tú”.

– “¿Como qué… anda, coño, es verdad. Pues entonces graba como te salga del peroné”.

– “Creo que grabaré con la de tu colega, si no te importa”.

– “Claro, como no”.

Por supuesto, la ratio y nivel de las palabras fuertes es mucho mayor, pero este sitio lo leen menores dispuestos a rockanrolear de mayores, y no podemos permitir que crean que la música es tocar, beber, poder decir palabrotas, recibir miradas lascivas y disfrutar para no acordarte luego de nada. No, ya somos demasiados a repartirnos eso, que se dediquen a hacer vandalidades. Por cierto, muchísimas gracias a Hache, Awin y Cami, sin los cuales esta entrada no hubiera tenido lugar, pues por el estudio han pasado sus guitarras y bajos. Os dejo una foto de familia, y una pregunta: adivinad qué guitarras se usaron y cuáles no…

 


Capítulo 3. Un día cualquiera (de grabación)

8:30. Suena el despertador.

9:15. Levántate de una vez, que no te da tiempo.

10:00. Maravilloso, llegar a la parada (corriendo) y justo pillar el autobús.

10:30. Entrando al metro en Ciudad Universitaria. Sí, así es, son todos mucho más jóvenes de lo que tú recordabas. Me da igual, yo me siento pleno en mi segunda adolescencia.

10:47. Deseas golpear con fuerza muchas cosas, entre ellas al inventor de la línea 6 del metro. No sé cómo se puede calar un tren, pero éste se cala.

10:55. Ya vamos oficialmente mal de tiempo. Y, además, lluvia. Bueno, en ese caso, ya estábamos mal de tiempo. Esta deducción no me ha sacado de mi cabreo ni lo más mínimo.

10:59. Llegando a Colonia Jardín (Garden Perfume). Había calculado estar aquí sobre esta hora. Ahora sólo queda llegar al cole, saludar, entregar los deberes, explicar lo que hay que hacer con ellos, despedirse, y volver al metro. OUCH!

11:03. De hecho, la palabra “ouch” debiera poder aplicarse como sentimiento o estado anímico. O, al menos, debiera poder ser un neurotransmisor. Al fin y al cabo, su fórmula está clara, estaría compuesto por oxígeno (O), uranio (U), y un hidrocarburo (hidrógeno (H) más carbono (C)). Todos ellos elementos habituales en el metabolismo de nuestro cuerpo. Bueno, menos el uranio. Claro, que Homer trabaja en una central nuclear…

11:15. Hemos quedado a las 11:45 en Cartagena, y yo estoy en Colonia Jardín. No llego ni aunque se salte estaciones. Sé sincero, has pensado que igual se salta alguna, de casualidad.

11:43. No preguntéis cómo, pero estoy en Cartagena, y he llegado el primero. A lo mejor el metro ha saltado en el tiempo. Sin duda, eso explicaría lo de esa estación en blanco y negro. Mira, ahí viene Iñaki.

11:45. Ya es la hora. Esperamos.

11:51. Esperamos.

11:57. Esperamos.

12:05. Madre mía cómo llueve. Esperamos.

12:10. ¡Aquí está! ¡Al estudio!

Para los que pensábais que lo de grabar era llegar, enchufar, y tocar… ¡ójala! Lo más normal es que te trastoque todos los planes, que tengas que estar en dos o más lugares al mismo tiempo, y que estés hasta las narices antes de siquiera empezar a subir el volumen. ¿Se puede saber por qué nos metimos a la música? Pues sí, amigos, aun con todo, merece la pena. Y, qué demonios, es divertido de cojones. Si no te pasa nada, nunca te habrá pasado nada.

Podría ser ese el lema de hoy, que no hemos podido empezar sin esperar, pues Ferni tenía que ajustar las tomas de Iñaki, que ayer se sentía transgresor y quería acabar con la opresión del “tic” del metrónomo. Al final, Iñaki puede con todo, y antes de comer. Eso sí, con alguna dificultad que se le resistía (véase el vídeo “Día 1. Baterías” en facebook).

 
2.1. Menú del día 2 (Bar Restaurante El Puchero; 16-02-2011):

– Primer plato: Sopa de cocido.

– Segundo plato: Cocido completo.

– Postre.

– Andrés: una ración de albóndigas en salsa.
 

2.2. El momento del bajista (y en qué momento).

Que alguien me dispare (bicarbonato). Ese cocido tenía más zetas de las adecuadas, ¡qué sueño! Bueno, así sonará más pesado, sonido Garbanzo. Le toca enchufarse a Chus, que ha tenido que viajar toda la mañana por Madrid hasta llegar al estudio. ¿Cómo? ¿Que ya lo sabían? Vaya, eso es que alguien se lo ha debido de contar. O, mejor aún, que ustedes lo han leído. Lo que seguramente no sabían es que Iñaki había estado toda la mañana en el curro, ¿pero es que nadie es músico aquí o qué? Mucho me temo que lo de músico no se rellena en la casilla de “profesión”. Todavía.

Chus ha empezado a grabar, y, aunque Iñaki ha tenido que volver al trabajo toda la tarde, empiezan a llegar otros compañeros a completar el elenco: Javi y Pablo acompañan a Andrés. De esta manera, el bajista recibe el triple de apoyo:

– “Eso suena como el culo”.

– “Eso parece música de videojuegos”.

– “Hoy deberíamos acabar todos los bajos…”

En fin, poca presión para poder trabajar en condiciones. Noooo, es broma, los que no se encargan de la base rítmica se portan muy bien. Y menos mal que han venido, siempre se trabaja mejor en compañía, en buena compañía. Y además, saben que no pueden jugársela, pues el bajista estará ahí, y despreocupado con su parte finiquitada, cuando a ellos aún les quede por grabar…


Capítulo 2. Dame bombo.

Por fin, todo estaba preparado para que los Noiah comenzasen con su esperada grabación. Nosotros estábamos preparados, Ferni estaba preparado, y el equipo de ambos estaba casi preparado. Por si cargar y descargar una batería hace poco ruido de movimientos, hay que montarla enterita. Y no en cualquier lado, sino en donde lo diga (el productor, que el batero sabe tan poco de esto como de ecualizar amplis, por norma general). Una vez en estas, hay que microfonar tambor a tambor, parche a parche, parte a parte, se microfona hasta el aire (bueno, técnicamente casi solo se microfona el aire).

Y he aquí una aproximación a la cantidad de micros que rodeaban a Iñaki (y faltan algunos…):

Tanto aparatejo resulta imposible de pasar inadvertido. Pues, aun así, Andrés y Chus tuvieron que cagarla y mover un micro de ambiente, que no es un micrófono que atrapa el olor a tabaco, sino un micrófono que está en la sala, separado de la batería. Y muy bien disimulado, hemos de añadir. Y encima hay varios de estos. Es más fácil robar en un museo que no chocar con tanto micro repartido. Todo sea por que suene como cuando oyes a Iñaki. Y hablando de oír, hay otro micro más, en la sala del productor, al lado de Ferni, con el cual se comunica éste con el batero. Todo el resto de micrófonos son como cuadros de W.C. si el que acabamos de citar no lo oye Iñaki. En fin, como muchas otras cosas, sobre todo indicaciones, Iñaki no lo oía. Hasta que lo oyó.
 

1.1. Menú del día 1 (Bar Restaurante El Puchero; 15-02-2011):

– Primer plato: Fideuá.

– Segundo plato: Conejo.

– Postre.

 
Y después de comer, a seguir grabando. Y no, los metrónomos no hacen la digestión, con lo cual el amodorramiento se lo queda todo el humano que tiene que seguir el “tic, tac, tac, tac”. Por cierto, nuestro querido productor es batería, así que “¿alguna presión más, Iñaki?”. No hay problema, lo que ustedes no saben, porque no ha formado parte de este blog, es que para empezar a grabar con metrónomo hacen falta unos cuantos meses de preparación, en los que Iñaki ha estado ensayando con el “tic, tac, tac, tac” en los oídos todos los temas, ensayo tras ensayo y día tras día. Ferni sí lo sabía, y por eso se le acuñó la frase “otra toma”, que nos ha ido diciendo a todos durante la grabación.

La batería es un instrumento completo, pero suficientemente ruidoso y uniforme como para que sea fácil perderse si tienes que grabar 20 compases seguidos y sólo te oyes a tí tocar. Por eso el Gran Hermano que todo lo oye y todo lo graba nos permite usar una referencia. Esto es, que la guitarra de Andrés sirva de referencia a Iñaki. No se asusten, no se va a teñir el pelo color tinto, a dejarse cuerdas y a tomar pastillas, simplemente Andrés acompaña a Iñaki mientras graba, para que éste sepa en qué parte está tocando. Parece una obviedad, pero cuando estás persiguiendo al “tic, tac, tac, tac” te concentras demasiado y no sabes si llevas dos o diez compases.
 

1.2. La eterna batalla hombre-máquina (o ¿por qué lo llaman música cuando quieren decir grabar?).

“¿Dinámicas uniformes y todo a la misma intensidad?” “No, puedes y debes grabar cada cosa con la caña o calma con que la tocas en el local.”
“¿Así va bien?” “Sí, pero ahora intenta ir cuadrado con el tempo.”

No es tan simple dibujar el campo claro en el que estás suficientemente suelto como para no salirte de lo correcto sin sacrificar la personalidad de lo que tocas. Estamos grabando, o mejor dicho, nos está grabando un aparato. Ese aparato tiene la maravillosa propiedad de poder dejar nuestra música estática, plasmada, tantas veces visible como un cuadro, que cierras y abres los ojos y sigue allí. Disponible, al fin y al cabo. Nosotros no podemos. Si te tapas los oídos cuando tocamos, te perderás algo que no podemos volver a hacer. Es nuestro aporte a la fotografía.

Así que hemos de ajustarnos a lo que esas máquinas nos dicen. La verdad es que algo tenía que tener de malo tocar el instrumento que más feliz te deja de todos. Y ese algo es grabarlo. No te puedes mover ni un pulso, y eso que llaman “matiz interpretativo” está lejos de su alcance. Menos mal que nosotros tenemos a Iñaki sentado cuando el productor dice “dame bombo”.


Capítulo 1. ¿De qué está lleno un estudio?

Como comentamos (o posteamos, que aquí somos gente actual y ponemos postes), vamos a ir relatando los pormenores a que se ha enfrentado nuestra capacidad a lo largo de la semana que hemos respirado estudio. Así que, sin más preámbulos, comencemos. Espero que lo disfrutéis:

El estudio es ese lugar en el cual al músico le gusta que le hagan videos, fotos, entrevistas, DVDs y documentales sobre sus discos cumbre. De todo, menos grabar. Eso lo sabe cualquiera, todos queremos tener un sobresaliente, pero a nadie le gusta estudiar, e incluso si se da el caso, os aseguro que a esa persona no le gusta hacer exámenes. Pero hay que pasar por ello para hacernos un hueco en el top, justo entre el IV de Led Zeppelin y el BloodSugarSexMagik de Red Hot. O el Volumen Brutal de Barón Rojo, según el que apunte. A esto hay que añadir que, para que tu grabación suene como tú quieres (o mejor) hay que rellenar el estudio de cacharros que suenen bien. Nosotros tenemos la suerte de contar con una batería más que decente, dos amplis de guitarra cuyos potenciómetros no indican decibelios, sino niveles en la escala de Richter, y un amigazo que nos ha proporcionado un ampli de bajo del tamaño de una nevera y que suena en las frecuencias en las que sueñan los bajistas. Por eso nos gusta tanto. En definitiva, y para los que quieran cotillear el por qué del sonido una vez tengan el EP sonando, el set utilizado ha sido:

– Batería Mapex serie M – Parches Evans – Platos Paiste

– 2 amplificadores Elmwood Modena M60

– 2 pantallas Elmwood 4×12″

– Amplificador EBS Fafner (gracias, Fer)

– Pantalla EBS 4×10″ – Pantalla EBS 1×15″ (gracias, Fer)

– Guitarra Gibson Les Paul Studio

– Guitarra Gibson Les Paul Custom

– Bajo Dean Edge q6

– Bajo Yamaha (gracias, Hatxe) 5 cuerdas

Aparte del sonido que aporte, la peculiaridad común a todos ellos es que ninguno se desplaza solo, así que el primer paso para todo proceso de grabación es el mismo que se interpone entre el músico y sus maravillosos y entregados seguidores cuando éstos le dicen tras terminar un concierto que les acompañe a tajarse: hay que cargar y descargar todo. Eso sí, el estudio queda precioso con todos nuestros trastos. Os ilustro algún ejemplo de ello:   

 

 

                                  

  

Así que el primer día nos tocó hacer la descarga. Andábamos algo nerviosos, porque las palabras música y descarga últimamente andan muy perseguidas, y no queríamos meternos en problemas. Descargar los trastos, dejar todo desparramado por el estudio, y salir pitando, para al día siguiente llegar al estudio, montar todo con orden y empezar a microfonar. Pero eso es cosa del día 1, no del capítulo 1. Todo iba a cambiar, pero, antes, tenía que comenzar.